Quiero compartir contigo un pequeño mensaje, espero que sea de bendicion para tu vida, y que puedas compartirlo con los demas
"El Sacramento de la Misericordia Divina."
Lee y reflexiona un momento
- San Juan 6,37-40
- Isaías 1,18
Realmente para comprender la grandeza y la riqueza de este Sacramento nosotros tenemos que estar convencidos con toda nuestra mente y con todo nuestro corazón de que somos hijos de Dios "Pues a quienes lo recibieron y creyeron en el, les concedió el privilegio de ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado." (San Juan 1,12-13).
En el Evangelio vemos a Jesús como "El que salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1,21). Es Jesús mismo el que perdona al paralítico y a la mujer adultera.
Jesús comunica su poder de perdonar a sus Apóstoles. Así como Dios Padre le ha dado todo a Jesús, así también Jesús comunica a la Iglesia, ese poder perdonador que de El emanaba para regenerar a los hombres. "A quien perdonéis los pecados, le quedan perdonados" (Juan 20,21- 23).
Ahora la Iglesia misma cumple con el mandado de Jesús dado en (Mateo 16,19).
"Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones."
- ¿Por qué confesarse?
La Iglesia por voluntad del Cristo , posee el poder de perdonar los pecados de los bautizados, y ella lo ejerce de modo habitual en el sacramento de la penitencia por medio de los obispos y de los presbíteros . (San Juan 20,22-23)
Es cierto la misma Iglesia afirma que con el acto de perfecta contrición , puede uno recobrar la gracia, pero para esto hay que tener, además, el propósito firme de confesar después estos pecados, aunque estén ya perdonados; pues Jesucristo ha querido someter al sacramento de la confesión todos los pecados graves.
El Padre Jorge Loring dice: No vivas nunca en pecado. Si tienes la desgracia de caer, ese mismo día haz un acto de contrición perfecta, y luego confiésate cuanto antes. No lo dejes para después.
El que se confiesa a menudo no es porque tenga muchos pecados, sino para no tenerlos. El que se lava de tarde en tarde, estará más sucio que el que se lava a menudo.
La misericordia de Dios es infinita. Dice la Biblia: Como el viento norte borra las nubes del cielo, así mi misericordia borra los pecados de tu alma . . Y en otro sitio: «Cogeré tus pecados y los lanzaré al fondo del mar para que nunca más vuelvan a salir a flote».
Pero también su justicia es infinita, y por lo tanto no puede perdonar a quien no se arrepiente. Ya que uno mismo es el que a rechazado la Misericordia de Dios.
Pío XII en la Encíclica Mystici Corporis habla de los valores de la confesión frecuente diciendo que aumenta el recto conocimiento de uno mismo, crece la humildad cristiana, se desarraiga la maldad de las costumbres, se pone un dique a la pereza y negligencia espiritual, y se aumenta la gracia por la misma fuerza del sacramento . Y el Concilio Vaticano II habla de la confesión sacramental frecuente que, preparada por el examen de conciencia cotidiano, ayuda a la necesaria conversión del corazón .
Quien vive en pecado grave es muy fácil que se condene por tres razones:
1) Porque después es muy posible que le falte la voluntad de confesarse, como le falta ahora.
2) Porque, aun suponiendo que no le falte esta voluntad, es posible que le sorprenda la muerte sin tiempo para confesarse.
3) Finalmente, quien descuida la confesión, y va amontonando pecados y pecados, cada vez encontrará más dificultades para romper. Un hilo se rompe mucho mejor que un cañamo. Para arrepentirse sería entonces necesario un golpe de gracia prodigioso; y esta gracia sobreabundante Dios no suele concederla a quien se obstina en el mal.
Cristo ha confiado a todo el pueblo de Dios la misión de realizar la reconciliación y la conversión y a los Apóstoles y a sus sucesores les ha confiado el específico ministerio de la reconciliación ·junto con el poder de atar y desatar, de perdonar y retener eficazmente los pecados. Por esto toda la Iglesia como pueblo sacerdotal, actúa, aunque de diversas maneras, al ejercer la tarea de reconciliación que le ha sido confiada por Dios" . Y, por esto mismo, la Iglesia debe proclamar sin cesar la misericordia de Dios, invitar a la penitencia, suscitar y promover la conversión; con solicitud maternal ha de interceder por los pecadores y ayudarles a reconocer y a confesar sus pecados para obtener el perdón de Dios; y ha de otorgar, en nombre de Cristo, la reconciliación, para que todos, teniéndola como "madre", "puedan tener a Dios como Padre."
-¿Por qué no confesarme directamente con Dios?
La confesión de los pecados con un sacerdote es parte del designio de Dios para perdonarnos.
La institución del sacramento de la confesión por Jesucristo aparece claramente en el Evangelio. Cristo resucitado da poder a los apóstoles para perdonar pecados en nombre de Dios. Al conferir el sacramento de la confesión, la Iglesia ha sido fiel a Jesucristo desde el principio.
Es importante notar que Jesús vinculó la confesión con la resurrección (su victoria sobre la muerte) con el Espíritu Santo (necesario para creer y actuar con poder) y con los apóstoles (los primeros sacerdotes).
Entonces nos confesamos con un sacerdote por obediencia a Cristo. Es Dios quién perdona y tiene potestad para establecer los medios para otorgar el perdón.
Todos ahora sabemos que con cada pecado se "mancha el alma" y quedamos impuros, pero he ahí mi confusión: ¿después de una buena confesión y un verdadero propósito de cambiar de vida y alejarse del estado de pecado mortal, el alma vuelve a recuperar su pureza e inocencia y serle de agrado Dios?
En verdad nos purifica y limpia por completo pues en la confesión recibimos el perdón de Dios y su gracia para vencer las tentaciones del futuro por lo tanto recuperamos la gracia divina. Pero la confesión no borra el daño temporal que hizo el pecado. Este daño incluye el fortalecimiento de la tendencia y el hábito de hacer el mal. La gracia de la confesión es de suma importancia por el perdón de las penas eternas y por la fuerza para vencer futuros combates, pero no quita la lucha.
-¿Cómo me puedo Confesar?
Examen, Confesión y Catecismo
"Para responder a esta invitación que nos hace Jesus, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: "Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo" (1 Corintios 11,27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar."
"Conviene preparar la recepción de este sacramento mediante un examen de conciencia hecho a la luz de la Palabra de Dios. Los textos más adaptados a este respecto se encuentran en la catequesis moral de los Evangelios y de las Cartas de los apóstoles: Sermón de la montaña y enseñanzas apostólicas."
"Es preciso que cada uno preste mucha atención a sí mismo para oír y seguir la voz de su conciencia. Esta exigencia de interioridad es tanto más necesaria cuanto que la vida nos impulsa con frecuencia a prescindir de toda reflexión, examen o interiorización:
San Agustín decía: "Retorna a tu conciencia, interrógala... retornad, hermanos, al interior, y en todo lo que hagáis mirad al Testigo, Dios."
Lo que dice el Catecismo sobre la confesión
"La confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una "confesión", reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador.
Se le llama sacramento del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente "el perdón y la paz".
Se le denomina sacramento de Reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: "Dejaos reconciliar con Dios" (2Corintios 5,20). El que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a responder a la llamada del Señor: "Ve primero a reconciliarte con tu hermano" (Mateo 5,24)."
-La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento.
Estos pasos expresan simplemente un camino hacia la conversión, que va desde el análisis de nuestros actos, hasta la acción que demuestra el cambio que se ha realizado en nosotros.
Examen de Conciencia.
Arrepentimiento.
Propósito de no volver a pecar.
Decir los pecados al confesor.
Recibir la absolución y cumplir la penitencia.
-¿Qué es el examen de conciencia?
Examen de conciencia consiste en recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.
Naturalmente, el examen se hace antes de la confesión para decir después al confesor todos los pecados que se han recordado; y cuántas veces cada uno, si se trata de pecados graves.
Si sabes el número exacto de cada clase de pecados graves, debes decirlo con exactitud. Pero si te es muy difícil, basta que lo digas con la mayor aproximación que puedas: por ejemplo, cuántas veces, más o menos, a la semana, al mes, etc. Y si después de confesar resulta que recuerdas con certeza otros pecados que habías cometido, lo dices así en la próxima confesión. Pero no es necesario que después de confesar sigas pensando en el número de pecados cometidos, pues entonces nunca quedaríamos tranquilos. Si hiciste el examen con diligencia, no debes preocuparte ya más: todo está perdonado.
El examen debe hacerse con diligencia, seriedad y sinceridad; pero sin angustiarse . La confesión no es un suplicio ni una tortura, sino un acto de confianza y amor a Dios. No se trata de atormentar el alma, sino de dar a Dios cuenta filial. Dios es Padre.
El examen de conciencia se hace procurando recordar los pecados cometidos de pensamiento, palabra y obra, o por omisión, contra los mandamientos de la ley de Dios, de la Iglesia o contra las obligaciones particulares. Todo desde la última confesión bien hecha.
-Debes de Recordar:
No importa lo que hallas echo Dios es tu Padre y si sinceramente te arrepientes de todo corazón el te perdonara pues es tu Padre y te ama.
No importa cuantas veces lo hallas echo pues nadie te puede acusar porque Dios no te acusa el te perdona, te limpia y te sana.
No importa que tan lejos te hallas ido pues este es un juicio en el cual la decisión siempre estará basada en el amor, la reconciliación y el perdón.
-No creas de que este sacramento es un juego en el cual puedes pecar y pecar y pecar pues como es un juicio de amor; no esto no es así este es un sacramento de milagros y prodigios de señales milagrosas donde hay sanción y liberación.
Un poco acerca del amor de Dios
- San Juan 5,2-9
- San Juan 8,1-11